El estilo Platinum de la austeridad

#PalomitasEnPrimeraFila

Por: Heber Azamar

Hay algo que no se enseña en los cursos de formación política de la Cuarta Transformación y es justamente la capacidad de hacerse el sordo con elegancia. Una cosa es ignorar un llamado presidencial, y otra hacerlo bajando de una Lincoln Navigator Platinum, de esas camionetotas que no caben en los baches, pero sí en el ego de algunos funcionarios.

El pasado fin de semana, el súper delegado de Bienestar en Veracruz, Juan Javier Gómez Cazarín, se apareció en el Hospital Materno Infantil de Coatzacoalcos con la actitud de quien no va a ver a mamás con carencias, sino a firmar autógrafos. Camioneta blanca, enorme, blindada al decoro y custodiada por guaruras con la mirada fija y el oído flojo, igual que su jefe cuando la presidenta Claudia Sheinbaum habla de austeridad.

Recuerden que la presidenta, no el presidente que se fue, hace unos días lo dijo bien clarito, no desde el púlpito de la moralidad, sino desde la tribuna de la congruencia:

“No debemos andar en camionetotas… eso no va con nosotros… tenemos que dar el ejemplo…”

Pero parece que Cazarín entendió “dar el espectáculo”. Y vaya que lo da. Basta ver su outfit, sudadera vino de la marca Armani Exchange, con todo y logotipo visible, como si el mensaje fuera “soy pueblo, pero fino”.

Eso sí, no lo verá usted trepado en una Urban de transporte público, ni caminando bajo el sol con las doñas que van al IMSS con el vale en mano. No. Él va con aire acondicionado, suspensión de lujo y cristales polarizados… no para protegerse del calor, sino del contacto con la realidad.

Y no es clasismo señalarlo, es denuncia. Porque mientras madres enfrentan partos sin anestesia y personal médico trabaja con material caducado, hay quien se estaciona afuera en camionetas que cuestan lo de tres casas del Infonavit y se pasea en ropa de diseñador como si fuera casting para “Narcos: Bienestar Edition”.

¿No que el movimiento es del pueblo y para el pueblo? ¿No que los de la 4T son distintos? Pues si esto es “distinto”, que alguien nos avise si el diccionario cambió o si la congruencia ya también es opcional.

Lo más irónico es que este tipo de excesos no vienen de los adversarios fifís. Vienen desde adentro, desde quienes se dicen representantes del pueblo, pero viven como si fueran patrones del erario.

Y mientras la presidenta predica con su carrito y sus vuelos comerciales, Gómez Cazarín sigue creyendo que gobernar es un desfile de marcas y camionetas. O tal vez le dieron otro libreto. Uno que empieza con “no mentir” pero termina en “no me importa”.

En la próxima función, quizás lo veamos llegar al IMSS en helicóptero… para no despeinarse la sudadera.

Pero usted tranquilo que la transformación sigue… por la banqueta de enfrente.

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